La conciencia de uno mismo es uno de los dones que tenemos como seres humanos, uno de los aspectos que nos diferencia de los animales. Tener conciencia emocional tiene que ver con reconocer nuestras emociones y sentimientos, identificar sus consecuencias y saber cuál fue el origen que los causó.

Si queremos desarrollar esta capacidad es necesario enfocarnos en nuestro interior, hacer una introspección.

Uno de los beneficios de la autoconciencia es conocernos con mayor objetividad, esto nos permite emprender los desafíos cotidianos aceptando nuestras posibilidades de éxito o fracaso, y nos previene de la frustración de fallar y no saber por qué.

Tener claridad en la identificación de nuestras fortalezas y debilidades nos da confianza en nosotros mismos y en nuestras capacidades. De este modo somos capaces de expresar y mantener puntos de vista propios al margen de la opinión general del grupo y tomar decisiones a pesar de las presiones o incertidumbre.

Las personas que se conocen a sí mismas son más efectivas, ya que su autoconciencia les permite corregir continuamente sus errores y desaciertos.

La conciencia de uno mismo constituye un instrumento valiosísimo para el cambio, especialmente en el caso de que esta necesidad de cambio se halle en armonía con nuestras metas, principios y nuestra «misión».

La conciencia de uno mismo nos facilita aceptarnos tal cual somos para comenzar un proceso de transformación y desarrollo personal.