Durante el desarrollo infantil es normal encontrar actitudes y comportamientos desafiantes o de oposición. En la mayoría de los casos estos comportamientos se normalizan a través de la educación familiar o escolar. En algunos niños esta conducta se mantiene e intensifica en una forma que no corresponde a lo esperado desarrollando el «trastorno negativista desafiante» o también llamado «trastorno de las ansias de libertad».

Este trastorno afecta al 15% de la población infanto-juvenil y los comportamientos típicos suelen aparecer antes de los 8 años de forma gradual y se incrementan poco a poco. En la mayoría de los casos, el niño o niña recibió un estilo educativo permisivo o fue expuesto a castigos desmedidos y desproporcionados a sus actos.

El trastorno negativista desafiante consiste en recurrentes comportamientos desafiantes y hostiles ante los padres, compañeros, educadores u otras figuras de autoridad.

Patrones de conducta recurrentes del trastorno negativista desafiante:

  • Tarda más de un minuto para empezar a hacer lo que se le pide.
  • No termina de hacer lo que se le pide.
  • Transgrede normas o reglas aprendidas.
  • Tiene rabietas frecuentes ante situaciones mínimas.
  • Tiene excesivas discusiones con los adultos del contexto familiar.
  • Cuestiona constantemente las normas, se niega a obedecerlas.
  • Su comportamiento está dirigido a molestar o enojar a otras personas.
  • A menudo culpa a otras personas por su mal comportamiento o errores.
  • Se muestra quisquilloso y susceptible con los demás.
  • Tiene frecuentemente una actitud de enojo o resentimiento.
  • Muestra rasgos de carácter tipo rencoroso o vengativo.
  • Miente con frecuencia.

Estos comportamientos deben ser persistentes por lo menos durante seis meses y deben haber producido un deterioro significativo en la actividad social o académica.

Recomendaciones para abordar el trastorno negativista desafiante:

  1. Poner más atención a los comportamientos positivos, obviando los negativos, cuando sea posible. Reforzar los comportamientos positivos usando el elogio y el reconocimiento, los reforzadores deben ser emocionales y no materiales. En cuanto a los comportamientos negativos, en el caso que sea posible es conveniente obviar y no dar atención para que no se refuercen las conductas que deseamos evitar.
  2. Anticipar las situaciones conflictivas proponiendo otra actividad u otra actitud para abordar dicha situación.
  3. Determinar cuáles comportamientos son inaceptables y por qué de esta forma el niño sabrá qué se espera de él.
  4. Determinar pocas normas de forma clara y consistente y hacerlas cumplir.
  5. El castigo no debe incluir agresión, castigamos el comportamiento inadecuado y no al niño. Ser asertivo buscando que su hijo aprenda una lección para no repetir el comportamiento.
  6. Aplicar el castigo de inmediato, no ofrecer castigos a futuro en caso de que la conducta se repita. Toda conducta debe tener consecuencias en el momento en que  se realiza.
  7. Detallar las consecuencias específicas de su comportamiento tanto al hacer una conducta negativa, como la conducta esperada.

Es necesario considerar que los resultados del tratamiento no se consiguen de forma inmediata. Es muy importante la perseverancia y la consistencia en el tratamiento especificado anteriormente.

Existen diversos enfoques al tratamiento del trastorno negativista desafiante, incluyendo programas de entrenamiento para padres, terapia cognitivo conductual, entrenamiento para el desarrollo de habilidades sociales, etc. 

Debido a que cada niño es diferente a los demás el tratamiento debe ser individual, para una mayor efectividad en el abordaje deben ser consideradas las características personales y familiares. Si usted tiene dudas respecto al comportamiento de su hijo o hija, consulte con un profesional.