¿Y si tus máscaras fueran una forma de cuidarte?
A veces creemos que el problema está en tener máscaras.
Pero, ¿y si esas máscaras también hablaran de tu historia, de lo que alguna vez necesitaste para sentirte a salvo?
Nos protegemos detrás de ellas para no sentir el rechazo, la vergüenza o la soledad.
Y eso tiene sentido: cada máscara guarda una herida que aprendimos a cubrir para poder seguir adelante.
El riesgo aparece cuando olvidamos que hay algo más detrás del personaje.
Si te detienes a mirar con ternura, descubrirás que bajo cada máscara hay una parte tuya sensible, viva, que solo busca ser mirada sin juicio.
No se trata de quitártelas, sino de escucharlas.
De preguntarte qué están intentando resguardar:
- El control que teme perderlo todo.
- La exigencia que anhela respeto.
- La distancia que esconde miedo al abandono.
Cuando reconoces tus máscaras con amabilidad, algo se ablanda.
Dejas de luchar contra lo que te protege y empiezas a acercarte a lo que pide cuidado.
Y en ese gesto silencioso, tus ojos vuelven a brillar con verdad.
¿Qué parte de ti sigue pidiendo ser vista, incluso cuando intentas esconderla?
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